ESTABLECIMIENTO DEL VIRREINATO DEL PERÚ - SIGLO XVI
Al finalizar el agitado proceso de invasión y conquista del
Tahuantinsuyo, que ocasionó incluso enfrentamientos militares entre los bandos
españoles, además de las irreparables pérdidas por el lado indígena, comenzará
otro proceso que inaugurará nuevas relaciones sociales de subordinación entre
indígenas y europeos. Este proceso es la instauración de un régimen de virreinato, esto es; un representante de la corona española en territorios de ultramar.
El establecimiento del virreinato del Perú, por su
naturaleza, implicaba sobre todo construir
y organizar un universo en el
que cada uno de los actores tenía, redefinido, su puesto estipulado de
antemano.
- Significaba iniciar una nueva configuración territorial, con términos y nombres (Nueva Castilla, Nueva Toledo, Nueva Granada…) que hicieran a los recién llegados familiarizarse con la nueva realidad, además de tener presente en todo momento que se estaba dentro de los límites imperiales, propiedad de la corona peninsular; aun cuando se conservaban, por razones prácticas, los topónimos nativos.
- Significaba instalar instituciones rutinarias para unos, absolutamente desconocidas para otros, cuya inauguración buscará controlar y administrar el territorio y los recursos de la “nueva tierra” para beneficio de la metrópoli y los representantes (españoles) de ella, aun cuando se conservaron las instituciones nativas que engranaban bien en el nuevo sistema.
- Significaba la imposición de autoridades basadas en el carisma o, las más de las veces, en el definitivo e incuestionable poder que otorga la fuerza y la coerción, aunque los españoles sabían bien que debían mantener mandos locales para hacer eficiente la recaudación. Así, con estas particularidades, empezó a andar la empresa principal de la corona española en sus nuevos dominios, a saber: extraer la mayor cantidad de riquezas.
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